Su vida, su obra

Entre los filósofos destacados del siglo de las Luces, Voltaire es seguramente uno de los más famosos. Reconocida internacionalmente y de contenido extremadamente variado, su obra sigue siendo muy actual.

Juventud y primeras provocaciones

 

 

Aunque cuestiona la fecha, oficialmente Voltaire nació el 21 de noviembre de 1694 en París. Lo bautizan al día siguiente, en la iglesia de Saint-André-des-Arcs, en París, bajo el nombre de François-Marie Arouet. A los 10 años, Voltaire entra en el colegio Louis-le-Grand, con los jesuitas, donde aprende como buen hombre de mundo: latín, retórica, versificación, justas oratorias… Muy joven ya destaca por su mente brillante. Esto le abre las puertas de los salones mundanos aunque suscita también varias peripecias.

Con tan solo 23 años, en 1717, sufre su primer encarcelamiento en la Bastilla. Se debe a la ira del Regente al que Voltaire había dedicado un panfleto. Su segunda estancia en esa cárcel, resulta de una disputa con el Caballero de Rohan, representante de una de las mayores familias de la nobleza francesa. En una salida en un teatro parisino, Voltaire se cruza con él y lo humilla públicamente.

Durante esa estancia en la Bastilla, Voltaire trabaja en Edipo. Escrita con el seudónimo de Voltaire, esta obra de teatro será su primer éxito literario.

Una larga serie de exilios

Retrato de Émilie du Châtelet

Tras esta estancia en prisión, a Voltaire le ofrecen elegir entre seguir encarcelado o el exilio. El filósofo prefiere la segunda solución y, en 1726, se va a Londres. Allí vive dos años en los que descubre el pluralismo religioso y político de la sociedad inglesa. Se queda impresionado ante esta libertad de tono y de opinión. Poco después de regresar a Francia, redacta las Cartas filosóficas o Cartas inglesas en las que expone sus observaciones. En esta obra, Voltaire alaba los méritos del sistema inglés pero, al mismo tiempo, supone una muy severa crítica del sistema francés. Esto no agrada a Luis XV, que reina en Francia, y no tarda en hacérselo saber.

Así es como Voltaire encuentra refugio, en 1734, en el castillo de Cirey, en la región de Champaña, cerca de la Marquesa Émilie du Châtelet. Esta mujer culta será su gran amor. Vivirán juntos durante quince años una vida común de estudios y viajes. Tras la muerte de Émilie, Voltaire se marcha a Prusia en 1750 donde Federico II ha pedido en numerosas ocasiones su presencia y se instala en Potsdam, en el castillo de Sanssouci. El rey y el filósofo traban amistad pero pronto surgirían diferencias que llevarán a Voltaire a marcharse de Prusia en 1753 en circunstancias adversas

La experiencia suiza
 

"El héroe de Ferney en el teatro de Chatelaine"

Voltaire espera volver a París pero Luis XV le prohíbe formalmente el acceso a la capital. Voltaire debe entonces encontrar un lugar donde establecerse y busca una ciudad famosa por sus editores. Tras una invitación del señor Cramer y entusiastas recomendaciones de amigos, la región del lago Lemán se presenta como una opción idónea. Después de varias estancias breves en el cantón de Vaud, se instala en 1755 en una residencia que bautiza «Les Délices» y describe Ginebra como «La Patria de la Libertad». Sin embargo, se desengaña rápidamente. Los calvinistas, que gobiernan en la República de Ginebra, prohíben varias de sus obras y lo amenazan por su pasión por el teatro. El punto de ruptura llega en 1757 con la publicación del artículo «Ginebra» en la Enciclopedia de Denis Diderot y de Jean d’Alembert. Este último critica firmemente en este artículo la sociedad ginebrina, al menos, los ideales calvinistas sobre el teatro. El filósofo había pasado un tiempo en «Les Délices», invitado por Voltaire, que le habría inspirado su relato. Los Calvinistas no se dejan engañar, Luis XV censura, estalla el escándalo y Voltaire, que por entonces trabajaba de lleno en Cándido, debe abandonar la ciudad.

 

 

Ferney y los grandes casos judiciales 
 

 

Como último exilio, Voltaire decide comprar un dominio cerca de Ginebra, Ferney, en 1758. Ignora entonces que pasará allí los 20 años más fecundos de su existencia. El filósofo desea vivir en un lugar donde poder disfrutar de la libertad de pensar y de actuar libremente. Nada más llegar, reconstruye completamente el castillo y acondiciona el parque. Voltaire convierte este señorío en su ciudad ideal. Alternando en sus papeles de urbanista, emprendedor y mecenas, Voltaire transforma el pueblo de Ferney según los principios de su filosofía. Hace drenar las ciénagas, construye viviendas, un teatro y vuelve a levantar una iglesia, manda pavimentar las calles e instala fuentes, impulsa manufacturas de alfarería, de tejas, de seda y de relojería… Continua asimismo su combate contra la intolerancia y el fanatismo religioso acometiendo grandes campañas para las defensas de las familias Calas y Sirven, del Caballero de La Barre… Mantiene, además, una intensa actividad literaria, escribe más de 6.000 cartas, el Diccionario filosófico, el Tratado sobre la tolerancia...

Triunfo parisino y últimos instantes

Cuando se marcha de Ferney en 1778, a los 84 años de edad, para volver a París, deja tras él una ciudad próspera de un millar de habitantes. Hace casi treinta años que no ha visto la capital y su llegada suscita una enorme agitación. El 30 de marzo de 1778, recibe el homenaje de la Academia Francesa. La multitud le lleva en volandas a la Comédie Française, en una representación de Irene, su última tragedia. Acaba siendo aceptado en uno de los mayores salones mundanos de su época, así como en la logia franco-masónica Neuf Sœurs (Las nueve hermanas), el 7 de abril de 1778. Voltaire fallece el 30 de mayo de 1778. Con el fin de evitar la fosa común reservada a los hombres del ámbito teatral y enterrarlo dignamente, su familia y sus amigos lo llevan a la región de Champaña donde será inhumado con total discreción en la abadía de Sellières. Gracias a la iniciativa impulsada por su amigo, el Marqués de Villette, Voltaire acaba entrando en el Panteón francés en 1791. 
 

Coronación de Voltaire - La señora Vestris corona a Voltaire tras la representación de Irene